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G.I.P.T.M. España: La verdadera historia de Zugarramurdi y sus Brujas

viernes, 3 de marzo de 2017

La verdadera historia de Zugarramurdi y sus Brujas

Categoría: Investigaciones


Las cuevas de las Brujas de Zugarramurdi se encuentran al norte de Navarra (a medio kilómetro del pueblo mismo de Zugarramurdi), justo en la frontera con Francia.
A principios de 1609 el rey francés Enrique IV, fiel creyente, embarcó a sus mejores jueces y hombres de fe en una caza de brujas para eliminar la hechicería en el sur del territorio galo. 

Muchas personas, temerosas de ser purgadas y ajusticiadas, huyeron a la vecina España. Entre ellas una joven, María de ximildegui, que regresó a su pueblo zugarramurdi (Navarra), situado a escasos kilómetros de la frontera

Interrogada por el párroco local, y temiendo lo peor. A cambio de su salvación, la mujer confesó haber participado junto a otros vecinos del pueblo en reuniones paganas en las que se veneraba al diablo en el ‘akelarre’, el prado del macho cabrío, en euskera. María aseguró haber practicado la brujería, e incluso volado, con la ayuda del maligno
Sus palabras llegaron a oídos del tribunal de la inquisición de logroño, que inició una investigación.  El resultado fue un auto de fe en el que se juzgó a nada menos que 53 personas de la comarca: 21 quedaron en libertad, otras 21 fueron acusadas de delitos menores y al resto se les condenó a morir en la hoguera.
El ocho de noviembre de 1610, las 11 supuestas ‘brujas’ ardieron en la plaza mayor de logroño. Cinco de ellas, que ya habían fallecido durante el proceso víctimas de las torturas o el suicidio, fueron quemadas en efigie junto a sus restos mortales. Además, la iglesia instaló 10 cruces para proteger al pueblo y resguardarlo de las garras del mal

La repercusión que aquel acto de fe tuvo en toda Europa provocó el nacimiento de la leyenda negra de zugarramurdi, ‘el salem español’ o ‘el pueblo de las brujas’. Brujas que tiempo después se descubrió que no eran tales. No pasaban de ser una suerte de curanderas naturistas con alto conocimiento de las plantas y los animales, que consumían diferentes ungüentos alucinógenos para alterar su nivel de conciencia y buscar de otros planos existenciales y al final ellas mismas se llegaban a creer brujas"
Cuadro de Goya 'Auto de Fe de la Inquisición
Pero en este caso de Zugarramurdi, en el que hasta 6.000 personas de la zona fueron investigadas por brujería y 11 mujeres murieron en la hoguera. "Fue una locura colectiva" y la cosa habría ido a más sino hubiese hecho acto de presencia el inquisidor Alonso Salazar y Frías. "Era un abogado que había estudiado en Salamanca, un hombre racional. Su investigación fue muy adelantada para su época y ha pasado a la historia como el abogado de las brujas". En una época en el que para condenar sólo hacía falta una acusación de por medio, él se empecinó en buscar pruebas y acabó dictando el "Edicto del Silencio". En este texto se concluye que "nunca hubo brujas hasta que se empezó a hablar de ellas" y, a partir de entonces, los cuchicheos y las acusaciones de brujería estuvieron casi más perseguidas que la propia brujería. Un avance para una sociedad que en un tiempo fue capaz de perseguir, atormentar y matar a decenas de personas sin ningún motivo.

Una vez presentado el tema, empezaré a detallar algunas cuestiones para los interesados en los detalles.

La parroquia de Zugarramurdi era aneja de la de Urdax, y su iglesia estaba atendida por un monje del monasterio de 'premostratenses' de Urdax. Entre los dos pueblos no llegaban a los 300 habitantes, lo cuales estaban bajo la jurisdicción ordinaria y espiritual del Abad de Urdax.

Las gentes de Zugarramurdi eran campesinos y pastores libres, mientras que los de Urdax eran siervos de la gleba que trabajaban las tierras del Monasterio de Urdax. De los 31 brujos que salieron en el Auto de Fe, nada menos que 26 procedían de Urdax y Zugarramurdi. Se trataba de hombres y mujeres cuya edad oscilaba entre los 20 y los 80 años (aproximadamente una quinta parte de la población adulta).

Para los habitantes de Zugarramurdi, el que un niño muriera así sin más y sin ningún motivo aparente, no era una casualidad. Tampoco era una simple casualidad que un cerdo empezara a enfermar y adelgazar. Todo ello solo podía ser promovido por “malas personas”. Todo el mundo se decía para sus adentros que quien podría ser… Hay un caso de una mujer que vivía en Zugarramurdi con sus tres hijas y cada vez que tenían oportunidad de robar lo hacían y cuando eran pescadas en plena faena se llevaban buenos palos. Así que las mujeres a las que estas robaban no debían de tenerlas mucha estima.

Y en medio de semejante ambiente, solo faltaba la mecha que encendiera la hoguera (nunca mejor dicho). Y así ocurrió en Zugarramurdi. A primeros del mes de diciembre en el año 1608 regresó a Zugarramurdi una muchacha, María de Ximildegui, de 20 años. Había vivido en Francia los tres o cuatro últimos años, pues sus padres decidieron marcharse a Francia ya que ellos eran de allí, en concreto a Ciboure. Ella volvió a su pueblo, sola, a servir.

María tenia mucho que contar de su estancia en Francia, decía que allí había sido miembro de un conventículo de brujas durante un año y medio y que después de un presentimiento, en la cuaresma de 1608, volvió al cristianismo. Contaba que, estando ella viviendo en Francia, se desplegó una persecución de brujos, precursora de la gran cacería que poco más tarde llevaría a cabo Pierre Lancre, antes de que Maria regresara a Zugarramurdi. Las gentes en Francia acudían a las iglesias, para acompañar a los niños que estaban muertos de miedo, pensando que iban a venir las brujas y se los iban a llevar al aquelarre.
Cuadro de Goya 'Aquelarre
Pero Maria contó más cosas. Asistió dos veces a los aquelarres de Zugarramurdi cuando todavía era bruja en Francia, así que sabía muy bien quienes eran las brujas y sin ningún escrúpulo fue nombrandolas una a una por sus nombres, lo que hizo que pronto llegarán las protestas.

El primero en llegar fue Estebe de Navarcorena pidiendo cuentas sobre lo que Maria había dicho de su mujer María de Jureteguia, y Maria le dijo, que si podía hablar con ella, lo iba a confesar todo. Cuando las dos estuvieron frente a frente María de Ximildegui dijo tantas cosas y dió tantos detalles que las dudas empezaron a surgir entre todos, así que empezaron a presionar a Maria de Jureteguia para que confesase y así lo tuvo que hacer por que estaba entre la espada y la pared. Además de confesar que había sido bruja desde muy pequeña, acusó a su tía María Txipia de haber sido su maestra. De esta forma María de Ximildegui 'demostró' a todo Zugarramurdi que todo lo que contaba era verdad.

Lo primero que hicieron con Maria de Jureteguia fue llevarla ante un párroco (Fray Felipe de Zabaleta) y le contó en confesión todo lo que había dicho delante de todos los demás. pero no contento con eso, tuvo que decir ante todo Zugarramurdi todo otra vez y pedir perdón por todos los años que dedicó a la brujería y por los daños causados.

Poco antes del año nuevo los ánimos se caldearon y algunos se tomaron la justicia por su mano. En plena noche irrumpieron en casa de muchos vecinos que sospechaban que eran brujos o brujas en busca de sapos. Fueron unas diez personas que rebuscaron en la casa de Miguel de Goiburu, en la de Estevania de Iriarte y en la de Graciana de Barrenetxea. El pastor Joanes de Goiburu, marido de Estevania, se presentó al día siguiente en el monasterio de Urdax para quejarse de lo ocurrido. Fray Felipe le ordenó que fuera en busca de su mujer. Al regresar Juanes con ella, el fraile le dijo que era una bruja y ella lo negó. Pero el fraile tenia que demostrar que ella era una bruja, así que le colocó unos reliquias y una estola a la vez que la obligaba a decir la verdad. Asi que confeso todo. A partir de entonces otros sospechosos fueron obligados violentamente a delatarse, además eran amenazados con la tortura si no confesaban.

A lo pocos dias del año nuevo se reunieron más de cincuenta personas en la iglesia de Zugarramurdi para oír la confesión pública de los brujos entre los que había familias enteras. La brujería no se consideraba hereditaria, la brujería es un arte que se aprende, pero en Zugarramurdi daba la casualidad que las personas que habían confesado ser brujos y brujas, había parentesco, así que creían que la brujería era cosa de familia. Entre ellos 7 de los diez primeros brujos eran familia entre sí.

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